Opacidad de género y crisis del Covid-19

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El virus parece matar a más hombres que mujeres. Datos del Instituto Superior de Sanidad italiano señalan una mortalidad masculina del 7,2% frente a la  del 4,1% de las mujeres afectadas. Me pregunto qué factores pueden explicar esta situación, y si los sociales (como el estilo de vida), además de los biológicos, podrían ayudarnos a comprender estas cifras. Solo evitando la opacidad de género podremos averiguarlo.

Sin embargo, lo que más me preocupa hoy no son las brechas en los índices de mortalidad por el Covid-19, sino los efectos que esta crisis sanitaria, económica y cotidiana, puede tener sobre las relaciones de género, la desigualdad ya existente y el bienestar de las mujeres.

De esto no se está hablando mucho todavía, pero las mujeres nos encontramos en la línea del frente de esta crisis. Poner luz en este foco evita la opacidad de género.

Dame datos

Los datos nos ayudan a cuestionar la opacidad de género de las estrategias de intervención pública. Y son indispensables para la estrategia de la transversalidad de género.

Las mujeres representamos el 70% del personal del sector médico en el mundo, según la OMS.

Sin embargo, nuestra voz no está equitativamente representada en los equipos sanitarios que dirigen las estrategias de actuación: alrededor del 65% de los órganos de gobierno del ámbito de la salud están masculinizados, según el último informe de la iniciativa Global Health 50/50.

En España, 13 de las 16 profesiones sanitarias más concurridas están feminizadas (INE, 27 de mayo de 2019).

Entre estas profesiones se encuentra la de enfermería (84,2% de mujeres), psicología sanitaria (81,8%), farmacia (71,6%) y biología con especialidad sanitaria (61,6%). Entre el personal médico, la presencia de mujeres y hombres es paritaria: el 51,1% son mujeres y el 48,9% son hombres.

Los datos oficiales a fecha del 24 de marzo de 2020 señalan que el Sistema Nacional de Salud cuenta ya con 5.400 contagios registrados por coronavirus entre sus profesionales. No tenemos el dato desagregado por sexo (que deberíamos, según el art. 20 de la ley orgánica de igualdad 3/2007) pero teniendo en cuenta los datos de partida podríamos estimar que el número de mujeres contagiadas es mayor.

Somos además las principales cuidadoras de la infancia y de las personas mayores. Y somos las que mayoritariamente atendemos la intendencia de la casa y sus múltiples tareas.

La última Encuesta de Empleo del Tiempo de España señalaba que las mujeres dedican de media diaria 4 horas y 32 minutos al hogar y la familia. Los hombres 2 horas y 29 minutos. En época de confinamiento, no me quiero imaginar cómo se reparte el uso del tiempo en modelos de familia no corresponsables.

Y somos también las que más sufrimos las crisis económicas, dada la mayor precariedad laboral que enfrentamos.

Siguiendo nuevamente los datos del INE, en el último trimestre de 2019, la tasa de empleo entre las mujeres era del 45,21%; la de los hombres del 56,38%.  La tasa de paro femenina se situaba en un 15,55% y la de los hombres en un 12,23%. En el mismo periodo, el 74,12% de las personas con contrato a tiempo parcial en España son mujeres.

Como si esto fuera poco, en un momento en que el sector servicios está prácticamente parado, no podemos olvidar que el 88,6% de las mujeres ocupadas en España desarrollan su profesión en este sector. Entre los hombres el porcentaje es del 64%, al estar más repartida su presencia entre el resto de los sectores económicos. Ahora pueden venirnos a la cabeza los ERTES y la feminización de los sectores a los que afecta (centros educativos, hostelería, turismo…).

Opacidad e impacto de género

Realizar el impacto de género de esta crisis y de las estrategias sanitarias, económicas y sociales diseñadas para atajarla es una labor indispensable si queremos evitar que el avance hacia la igualdad real frene. Este análisis debería ser realizado por expertas e instituciones públicas antes de tomar cualquier medida.

Cuando miramos detrás de lo aparente, siempre descubrimos nuevos mundos. Por eso nos reta tanto como sociedad asumir que las personas no respondemos a un único patrón de vida. Que nuestras experiencias y necesidades no son las mismas. Y que esa diferencia tiene efectos desiguales. Y que hay que actuar en consecuencia.

Esta es la esencia de la evaluación del impacto de género, que debe hacerse en buena parte de la normativa antes de ser aprobada (ley 30/2003, de 13 de octubre sobre medidas para incorporar la valoración del impacto de género en las disposiciones normativas que elabore el Gobierno).

Género y más

Esta crisis reclama además una lectura interseccional.

A todos los datos referidos podemos sumar el análisis de otros muchos factores imprescindibles para un análisis integral, interseccional e inclusivo. Como las historias de vida de mujeres que cuidan solas a sus familiares (el 81,88% de las familias monomarentales están encabezadas por mujeres). Como las vivencias cotidianas de aquellas que sufren en sus hogares violencia de género (durante la primera semana de confinamiento en la Comunidad Valenciana, los juzgados de Instrucción y de Violencia sobre la Mujer de guardia han recibido una media de 45 detenidos al día). Como la feminización de la vejez y el aislamiento cotidiano de los miles de mujeres mayores solas que viven en España.

O como las resistencias de todas aquellas mujeres que ven su sustento de vida totalmente amenazado, como las empleadas del hogar o las prostitutas.

Porque sí, esta crisis sí tiene una lectura de género e interseccional que nos muestra que la vida se articula en muchos ejes de vulnerabilidad, más allá del factor contagio. Muchos de esos ejes ni siquiera los nombro ni los conozco en profundidad.

Cierre

Un amigo mío confía en que esta crisis nos suponga a muchas personas una profunda transformación vital.

Yo lo dudo, pero ojalá tenga razón.

De momento, solamente espero que de una vez aprendamos a no mirar los acontecimientos sociales con miradas opacas al género, invisibilizando un funcionamiento social jerárquico y su impacto en la vida social y cotidiana de las personas.

Porque, en el diseño y gestión de la respuesta a la crisis del Covid-19, la equidad sí importa.

Texto: Ana Fernández de Vega.

NOTA: Este es un espacio para la opinión y reflexión en el que publicamos textos escritos por nuestras socias. Cada uno lleva la firma de su autora al final. APCGénero no responde como asociación a estos contenidos, sino que ofrece un espacio de intercambio y transmisión de ideas vinculadas con la consultoría de género. Os invitamos a cuidar este espacio de intercambio de forma amable y constructiva.

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